BIBLIOTECA DE «LA NACION»      

LUCIO V. LÓPEZ

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LA GRAN ALDEA

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COSTUMBRES BONAERENSES

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BUENOS AIRES
1908

LA GRAN ALDEA: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII, XIII, XIV, XV, XVI, XVII, XVIII, XIX, XX, XXI

LA GRAN ALDEA

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La obra que va a leerse, fue escrita allá por el año 1882 por elmalogrado doctor Lucio V. López, uno de los espíritus más selectos quehayan brillado en nuestlro pequeño mundo literario, en nuestro foro, ennuestra política, en épocas en que eran muchos y muy esclarecidos loshombres que se disputaban el primer puesto ante la públicaconsideración, todos ellos con títulos más o menos bien conquistados ysostenidos.

No es de este momento ni de este sitio hacer la biografía de LucioVicente López, que—para ser exacta,—tendría que abarcar de paso todoun periodo de nuestra historia política, a la que su actuación lo ligóestrechamente. Tenemos que limitarnos a decir que, abogado distinguido yescritor agudo y sarcástico, las luchas democráticas lo llevaron à lasfilas del periodismo, en el que militó, y que nuestros diarios guardanen sus colecciones, numerosos artículos brotados de su pluma, y que sehacen notar—como él se hacía notar en la conversación privada,—por suhumorismo, sus epigramas, sus sarcasmos, a veces sangrientos, perosiempre revestidos de cultísimo y elegante estilo.

De gustos refinados, Lucio Vicente López cultivaba las bellas letras,más como catador que como autor, fuera de su papel de polemistapolítico, que con tanto brillo desempeñó; su ilustración literaria eramuy vasta, como lo era su preparación jurídica, y seguía con algo másque simple curiosidad y no por mero pasatiempo, la evolución de laliteratura contemporánea, sirviéndole para este estudio susconocimientos clásicos, su innato buen gusto y su talento reconocido,que brillaba en cuanto atraía, siquiera momentáneamente, su atención yprovocaba su acción.

Pero un día tenía que sentir la necesidad de hacer mover y fructificarsus capitales literarios, no en ligeros esquicios, como lo había hechohasta entonces, sino en obra de ciertas proporciones y de algún aliento.Esa necesidad de aprovechar lo adquirido, de no dejarlo enmohecer en elcerebro, como bienes de avaro, le hizo producir La Gran Aldea, librode observación y de crítica, lleno de vida y de agudeza, en el queabundan las pinceladas de mano mae

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